¡Perdona como se te perdona!
19 August 2006 14:47Pondré al menos una vez por semana una reflexión tomada de diferentes lugares, en este caso del libro Sobre Tierra Firme, del ptr. Mark Finley.
Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efe. 4:32
Jacquie se sentó en un lado del salón, y los miembros de la junta de iglesia en el otro. Parecía imposible salvar el abismo entre ellos. Jacquie había crecido en esa iglesia, pero sus relaciones se deterioraron desde el momento en que ella dejó a su primer esposo y se casó con otro hombre. Veinte años después, Jacquie volvía arrepentida y llorosa, en busca de perdón y reconciliación. Quería volver a bautizarse.
Hubo un profundo silencio. Los miembros de la junta conocían de sobra su situación y el dolor que había infligido a la congregación. ¿Podrían salvar ese abismo?
Sabía que tenía que hablar. Lo hice con amabilidad, pero también con firmeza.
—Ella ha sufrido mucho; no añadamos dolor sobre dolor. Éste es el consejo de Pablo: “Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efe. 4:32). Si Dios, en toda su perfección, nos acepta y nos perdona, bien podemos nosotros perdonar a Jacquie.
Con labios temblorosos y voz entrecortada, Jacquie respondió:
—Yo sé que hice mal. Por años me he sentido culpable. Poco faltó para que el sentimiento de culpa me volviera loca. Por favor, acéptenme.
Noté primero las lágrimas en los ojos de uno de los ancianos, y luego me di cuenta de que en realidad todos lloraban. Pronto, un coro de voces respondió al unísono:
— ¡Claro que la aceptamos!
El espíritu de amor y de aceptación llenó la sala. Los miembros de la junta acogieron cálidamente a Jacquie, reafirmándole su afecto. Algunos la abrazaron. Otros le dieron la mano en señal de bienvenida y camaradería.
Parado en el fondo, contemplé la escena, reconociendo que nunca nuestra iglesia había sido más “la iglesia” que en ese momento. Aquí y ahora, el amor de Dios había entrado en acción. El amor del Calvario se había demostrado en la familia de Dios.
Mientras Jesús pendía de la cruz, oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Luc. 23:34). El perdón es un acto de misericordia para quienes nos han ofendido. Los libera de nuestra condenación, porque Cristo nos ha liberado de la suya. Al perdonar, tratamos a los demás mejor de lo que merecen, porque.Cristo nos trató mejor de lo que merecíamos.
La esencia del cristianismo consiste en perdonar como Cristo nos perdona, aceptar como Cristo nos acepta y amar como Cristo nos ama.
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