Reflexión 2. Sin Excusas
P Cierta empresa se encontraba en medio de tensas negociaciones con dirigentes sindicales. Los ejecutivos de la empresa insistían en que los empleados estaban abusando de sus privilegios de licencia por enfermedad. El sindicato lo negaba. Una mañana, mientras presentaban sus respectivas posiciones, el negociador que representaba a la compañía mostró la página de deportes del periódico local a todas las personas reunidas en aquella junta. Entonces señaló la foto de uno de los empleados que el día anterior había ganado el torneo de golf de esa ciudad. El negociador explicó: —Este hombre llamó ayer para excusarse por enfermedad. ¿Se imaginan el puntaje que habría logrado de no haber estado enfermo? Puede que neguemos (o al menos tratemos de cubrir) nuestros engaños o nuestra mala conducta, pero, por lo general, la mentira no nos lleva muy lejos. Nuestros pecados terminan por descubrirnos. El sabio tenía razón: “El que encubre sus pecados no prosperará” (Prov. 28:13). Las excusas engañosas no ofrecen, realmente, respuestas substanciales. A veces se emplea un razonamiento débil y poco convincente para cubrir los pecados más aberrantes. John Wayne Gacy fue hallado culpable del asesinato de más de veinte niños en su hogar de Chicago. Él se declaró inocente, a pesar del descubrimiento de 27 cuerpos debajo de su casa. ¿Cómo respondió al enfrentar la pena de muerte por inyección letal? Dijo: “En mi corazón, y con Dios mismo por testigo, no he matado a nadie. No fui yo, realmente. No pude evitarlo; no estaba en mis cabales”. Este tipo de excusas se ha vuelto común en los últimos tiempos. Las Escrituras exigen mucho más que meras excusas. En una cultura que a menudo niega la realidad del bien y del mal, Dios espera un arrepentimiento genuino, resuelto y sincero. Arrepentirse es sentir un pesar profundo por el pecado cometido: pesar y dolor… por el dolor causado a Dios mismo. Es llorar por nuestros pecados porque éstos hicieron llorar a Dios; es afligirse por ellos, porque afligieron a Dios; es sentir el dolor que causan, porque Dios ha sentido ese dolor. Las excusas sólo producen más culpa. El arrepentimiento conduce al perdón; el perdón, a la sanidad; y la sanidad, a la integridad del ser.
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profunda reflexion, las excusas son la manera mas comun de salir de los problemas